La constitución, su reforma, y nosotros el pueblo

La hora de la reforma constitucional parece ir llegando al Cono Sur. Por ejemplo , Michelle Bachelet,  la reciente electa presidenta de Chile ha indicado su voluntad de avanzar una reforma, para dejar atrás la Constitución que le fue legada por la transición de la dictadura de Pinochet.

En Uruguay varios actores también pretenden reformas constitucionales. Por ejemplo, el Partido Colorado impulsa una modificación para establecer una baja a la edad de imputabilidad penal, el ex Presidente Vázquez ha indicado que se eventualmente se podría reformar la constitución, entre otras cosas por los  extensos tiempos electorales y recientemente el Diputado Felipe Michelini ha indicado que se requieren reformas de fondo en la Constitución uruguaya.

La realidad es que, salvando las chicanas políticas, Uruguay debería discutir una serie de temas de fondo sobre su constitución, particularmente en lo que se conoce como la parte “dogmática” de la misma (donde se establecen los derechos y garantías) y también en aspectos de diseño institucional. Algunas cosas que rompen los ojos son: reformas en el diseño institucional de varios organismos de contralor (accountability horizontal) del Estado, protección de nuevos derechos recientemente consagrados (como el acceso a la información pública, matrimonio igualitario, etc) pero también los que emergen de los nuevos desafíos del avance de la tecnología (privacidad y datos personales) así como los vinculados al medio ambiente y el derecho internacional  de los derechos humanos.  Muchos de estos aspectos requieren de un analísis fino, y no exclusivamente de abogados constitucionalistas, pues tradicionalmente las reformas constitucionales han dado lugar a singulares y perversas configuraciones en la forma de trabajo de las instituciones uruguayas, fruto de algún desatinado consejo legal.

Pero más allá del contenido, la pregunta clave es ¿ cómo participará la gente en las dos democracias más “maduras” de América del Sur? Si bien los partidos políticos tendrán sin duda un rol central, crecientemente las personas de a pie , no afiliadas a grupos partidarios quieren y pueden aportar a discusiones de este estilo. En Islandia, un pequeño  país nórdico en medio de una crisis financiera,, la ciudadanía  hizo crowdsourcing de una propuesta constitucional, elaborando una refinada versión de varios aspectos de su constitución con una participación de  cerca del 40% de los electores vía redes sociales como twitter y facebook. Recientemente en Londres, la LSE reunió, en una experiencia bastante  más limitada, expertos de todas las áreas para debatir la reforma de la “constitución inglesa”. Las reformas constitucionales pueden hacerse  por muchos motivos,  algunos electorales, otros por graves crisis  e incluso por deseos de cambiar verdaderamente el acuerdo que cada sociedad plasma en su Constitución . Sea cual sea el motivo, “nosotros, el pueblo”, deberíamos tener algo que decir en el proceso, más allá del voto.

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