Transparence s’il vous plaît

Recientemente  la organización RegardsCitoyens y el Science Po de Paris organizaron una conferencia sobre apertura de datos legislativos.  Presenté parte de un trabajo que escribimos con Silvana Fumega sobre datos abiertos en América Latina, y a su vez parte de mi trabajo sobre transparencia parlamentaria.

Dos preguntas, me quedaron luego del evento  y ¿ Que implica tener un Parlamento transparente? y ¿ Quien controla al Parlamento y cómo lo hace?

Empezando por el principio, tal vez convenga decir  lo que no es un Parlamento transparente. Un parlamento no transparente es aquel que los votos de sus miembros no son conocidos por el público, que existe poco o nulo acceso a las actas de las sesiones y donde no existe registro de asistencia de los legisladores. También es un Parlamento que publica sus  documentos en formato poco amigables , y cuya estructura de comunicación es simplemente de una vía.  Si el lector es de algún país del América Latina, ya sabe de lo que le hablo, no hay porque sentirse en soledad, pues por ejemplo en Francia la situación es bastante similar. Recientemente varias organizaciones de la sociedad civil, entre ellas el NDI y la Red de Transparencia  Legislativa  lanzaron una proclama para definir que es un Parlamento transparente a nivel global, a los efectos de generar estándares claros.

La segunda pregunta, que debe preocupar a más de un legislador es :¿Porqué se controlaría al Parlamento y quien lo hace?  Suena evidente que el Parlamento debe rendir cuentas a la ciudadanía, pero algunos países lo hacen de forma más clara que otra. En las tradiciones anglosajonas la idea de que los representantes deben rendir cuentas a su distrito es bastante fuerte, y fuerza a los legisladores a sostener reuniones semanales con sus votantes. El sistema electoral y su tradición les impone este modo de actuar. En América Latina la mencionada tradición no está tan arraigada, y muchas veces el sistema electoral no provee los incentivos para que los actores exijan saber exactamente que hace el Parlamento, y cómo lo hace. Consecuentemente es la sociedad civil quien de forma creciente se ha venido organizando en redes para el control del Parlamento. La causa del control, posiblemente se encuentre en la desconfianza que alguna de estas instituciones generan.

La idea detrás de un Parlamento y  de sus miembros es que son respresentantes del pueblo lo que es un ideal noble. Pero a los representantes les gusta más representar, que rendir cuentas, y existe entre muchos de ellos (independientemente de los partidos) una suerte de “espíritu de cuerpo” en donde ciertos privilegios y formas de trabajo que derivan de la falta de información pública resultan convenientes. Consecuentemente cualquier intento de control es calificado como para “la tribuna” o de personas que no entienden “la alta política”. Esto es claramente una defensa pobre. Hace largo rato que la mayoría de las decisiones claves de los países no se toman en los Parlamentos, y existe creciente evidencia de que la institución precisa reformarse para ser más representativa, pero sobre todo más relevante.

Además el impacto de la tecnología hace que crecientemente ocultar información sea simplemente imposible. Algunos parlamentarios les gusta pensar que todavía tienen el poder de ocultar datos, o de jugar a que manejan secretos de estado con información que todos deberíamos saber (incluyendo lo que votaron). Sitios como trabajan para tí o o el látigo público permiten rapidamente saber quien es quien en las votación. Irónicamente mucho de estos datos son usados por los propios parlamentarios para luego tener insumos en sus discusiones. Uno de los momentos más cómicos del evento fue cuando el hacker uruguayo Alvaro Mourinho  contó el proceso de cómo en el contexto de un evento regional de uso de información pública, él y su equipo lograron acceder a la base de datos entera del Parlamento Uruguayo, exponiendo de forma significativa una falla de seguridad. Pero más allá de esa falla, lo difícil para ellos fue trabajar con la información generada. No se podía saber ni a cuantas sesiones iban los diputados, ni un claro proceso de cómo se realizan las leyes entre algunas otras cosas.

El desafío de la transparencia para los parlamentos  ha llegado para quedarse, lo quieran o no. Pueden tratar de ocultar información, pueden no registrarla, pueden en definitiva usar un montón de artilugios para mantener su forma actual de trabajo. El problema con eso es que la primera víctima serán los parlamentos. Los parlamentarios podrían ver en esto una oportunidad para mejorar sus instituciones y la forma en que hacen política. Por supuesto, se dice mucho más fácil de lo que se hace.

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