Campos de la Transparencia

En el día de ayer el Senado uruguayo aprobó un nuevo impuesto con el objetivo de evitar la concentración de la tierra. El impuesto (un tema en si mismo) motivó que para cumplir con el Reglamento de la Cámara de Senadores, los miembros del Senado que pudieran tener un interés directo en el tema, declararan en Sala  si eran propietarios de bienes y cuantas hectáreas tenían, a los efectos que la Cámara los habilitara a participar en la discusión y eventualmente votar. La situación fue tragicómica, cuando el Presidente del Senado finalmente preguntó si “había alguna hectarea más para declarar”. Según los reportes de prensa, 11 de los 31 senadores, serán afectados por el impuesto directamente.

Lo más obvio es que los Senadores uruguayos declararon voluntariamente sus bienes ante sus pares. Esto es un buen signo, pero ¿ cómo saber si eso pasa en todas las votaciones? Y principalmente ¿ cómo saber quien tiene un interés directo en una Comisión? Y ¿ como saber que no han mentido? Los políticos tienden a defenderse diciendo que Uruguay es un país pequeño y que en el fondo todos sabemos quien es quien. Otros tienden a aludir a su honor personal, en juramentos de corte decimonónico. Además nunca falta la explicación cuasi mitológica, de que los sistemas de partidos se autoregulan, entonces de alguna forma, el propio partido u otros partidos harán sonar la alarma frente a un desvío de conducta. En resumen, el sistema político lava la ropa sucia en casa.

A esta visión de la rendición de cuentas, yo quisiera proponer otra según la cuál los representantes del pueblo deberían decirle al pueblo cuales son sus  intereses, de forma tal que toda la ciudadanía, y no solo sus pares, pueda juzgar si es apto para participar en discusiones, cómo lo hace y de que forma. En el hoy los Senadores envían a la Junta para la Transparencia y Ética Pública  sus declaraciones y las mismas no son públicas. Esto plantea una suerte de protección a la “privacidad” del político, un argumento que en lo personal veo difícil de defender. Quien quiera privacidad, debería pensar dos veces en dedicarse a la vida pública.También sería bueno saber cómo votan en cada una de las sesiones (hoy eso no es posible, pues  no hay registros a nivel personal) entre otras cosas.  Rendir cuentas a toda la sociedad es la  visión que permea cada vez más en las democracias avanzadas e incluso a otros países de América Latina como Chile. En este caso la sociedad civil chilena ha logrado fiscalizar el cumplimiento de las declaraciones de forma ingeniosa, y si bien han habido algunos chisporroteos,  a nadie se le ocurrió plantear que no es buena cosa que exista ese control. Crecientemente existe una discusión a nivel internacional de cuáles son los estándares de transparencia que los poderes legislativos del mundo deberían tener.

Si los Senadores hicieran pública sus declaraciones, tal vez nos ahorrariamos situaciones tragicómicas como las  que se dieron en este impuesto y podríamos entender un poco más como se da nuestro proceso legislativo en Uruguay.

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