Londres: La revolución moral de Cameron

Invitado por la Revista Código Topo del Diario Excelsior de México, contribuí con un análisis más profundo de la situación que aconteció en Londres el mes pasado. Puede leerse aquí en la página 46.

Fue un placer colaborar con la Revista, y aquí transcribo la conclusión, la cuál me parece la parte más medular del artículo:

¿Una revolución moral?  Predicar con el ejemplo.

Así las cosas el Primer Ministro  envío un mensaje para luchar  contra “el decaimiento moral del Reino Unido”. Las protestas son culpa de padres ausentes,  el relativismo moral, el egoísmo, la falta de disciplina en las escuelas,  y el miedo a definir lo que es aceptable o no en una sociedad. De esta forma, el Primer Ministro promoverá familias fuertes, con los valores adecuados para que permanezcan juntas. El lenguaje utilizado por Cameron, parece en algunos momentos, sacado de la Inglaterra victoriana.

Si la revolución moral debe comenzar por el sistema de justicia, la sensación es que va por mal camino.  Las cortes han sido expeditivas en castigar los delitos, trabajando  doble horario para castigar a los culpables, y aplicando castigos duros.  Por ejemplo, una joven acusada de robar una botella de refresco de una de las tiendas, podría recibir hasta 6 meses de prisión.  Varias de estas sentencias están siendo ejecutadas y no parece ser la forma más efectiva de lidiar con el delito, sin mencionar que violan el principio básico de proporcionalidad de las penas, algo esencial a cualquier sistema de derecho penal liberal.  Lejos de generar algún aprendizaje la mayoría de estas sentencias generará de mínima resentimiento y de máximo daño en el largo plazo a la sociedad. Tal vez la más llamativa es la de un par de jóvenes que quisieron promover una revuelta vía Facebook usando la herramienta de un evento público. Ambos jóvenes fueron sentenciados de forma sumaria  a cuatro años de prisión. Sin perjuicio que la acción podría constituir un delito,  el resultado de la misma no generó (ni tuvo la remota chance de generar) ningún daño. Fue una acción estúpida por parte de dos chicos, pero lejos de ser la  causa de ninguna revuelta.

Si la revolución moral del Primer Ministro, va a comenzar por promover familias más unidas, tal vez deba mirar mejor su electorado y la composición de las familias en el Reino Unido. Buena parte de ellas hoy son lideradas por jefes y jefas de hogar solteros,  quienes luchan por mantenerse por encima de la línea de flotación, y que en el contexto de los cortes gubernamentales, recibirán mucho menos ayuda.  Por supuesto, tampoco serán las escuelas las que se las brinden o los gobiernos locales, gracias a los cortes de Cameron tampoco habrá demasiado dinero. En resumen nada de lo dicho por Cameron parece querer atacar las causas del problema, que para él se manifiestan en la frase “Broken Britain” (Gran Bretaña quebrada), una mezcla de crítica al Estado del Bienestar y decaimiento moral.

Pero si de decaimiento moral hay que hablar tal vez debamos mirar las “virtudes” de los colaboradores del Primer Ministro. Andry  Coulson, quien fue  editor del periódico New of the World (recientemente cerrado) y principal asesor del Primer Ministro en aspectos de comunicación, debió renunciar debido al escándalo de espionaje mundialmente conocido.  La parte más que genera más asco  involucra el acceso indebido al correo de voz del móvil de una joven víctima de secuestro. Este acceso desvió a la policía de la investigación, y dio falsas esperanzas a su familia de encontrarla viva.  Interrogado sobre estos puntos, el Primer ministro dijo que no tenía toda la información sobre Coulson, y que finalmente “todos merecían una segunda chance”.  Llamativa frase, que repitió más de diez veces, para un Primer Ministro que aboga ahora por la mano dura.

Tal vez el signo más evidente del decaimiento moral que se vio expresado en la crisis económica que vivió el Reino Unido desde el 2008 en adelante, y que ha visto a varios “hombres de negocios” enriquecerse, especulando de forma masiva con productos financieros altamente riesgosos. La fiesta, la ha pagado el Tesoro y en definitiva los contribuyentes británicos. Muy pocos recibieron  castigos, y no hubo mano dura. Tal vez ellos también merezcan una segunda oportunidad.

Quizás el decaimiento moral de un país que se precia por ser un defensor de la libertad, haya venido cuando varios Ministros (y el Primer Ministro) sugirieran intervenir y bloquear las redes sociales,  a los efectos de detener las protestas y perseguir a los posibles conspiradores. No faltó quien notara que Cameron se parecía bastante a algunos dictadores árabes a quien el mismo ha criticado por estas medidas. Más allá de las voces liberales de turno en Gran Bretaña, también se lo recordó el diario oficial de Partido Comunista Chino, un país a quien Cameron había recientemente aleccionado sobre las ventajas de la libertad en internet. Paradojas del destino, ser la burla de uno de los regímenes más totalitarios del planeta.

En una movida que debería ser aplaudida, el gobierno acaba de crear una Comisión para seriamente estudiar el tema. Esa comisión probablemente provea más luz sobre lo que realmente ha pasado. En el entretanto, tal vez David Cameron tenga razón, tal vez se requiera una revolución moral.  El problema de esta clase de declaraciones victorianas, es que muestran rápidamente el doble estándar que  contienen (y que era predominante a principios del Siglo XX en Inglaterra), donde  aparentemente la revolución moral es para unos (los pobres, de familias disfuncionales, probablemente negros, de algún barrio marginal) y no para otros (los miembros de la elite británica). Si realmente Cameron quiere una revolución moral, una mirada al espejo, y una barrida  por casa, podrían ser un comienzo promisorio.

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